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Jueves, 16 de febrero de 2006

Obsidiana

Cuando estudiaba quinto de bachillerato, si bachillerato, -no seáis mal pensados, soy más joven que Kim Bassinger- yo estaba enamorada de mi profesor de biología.
No diré su nombre, a pesar de que el buen amante no es discreto. Mi profesor de biología estaba bizco, el pelo le caneaba, era un poquito paticorto, y más cosas que prefiero silenciar.
Con quince años, me parecía el hombre más atractivo del planeta, porque hasta aquella fecha no había conocido la pasión. No os hagáis ilusiones, no voy por donde pensáis.
Dº P...., se ponía en medio de la clase con una piedra de obsidiana en la mano, y te transportaba al centro de la tierra, a los volcanes, a las tradiciones mayas, a los sistemas cristalinos que convertían el carbón en diamante, te transportaba fuera del aula a un mundo con unas leyes mágicas y lógicas, y el planeta comenzaba a existir de otra forma, simplemente porque pensábamos en todo lo que ocurría en su interior.
La piedra de obsidiana iba de su mano hasta la mía, y me preguntaba por la cristalización de esa piedra, y yo.......suspiraba, y toda la clase se reía, y Dº P me decía que tenía que prestar más atención, y yo volvía a suspirar antes de que la piedra volviese a su mano.
Un día de primavera, por la noche, la profesora de química coqueteaba con él, de una forma muy evidente. Pero no me gustaba como lo hacía, porque sólo veía en él a un humilde profesor, cuando yo veía al hombre que me había hecho sentir pasión por una piedra.
Aquella noche llovía, y Dº P..., nunca supo, que una mujer de quince años sabía más de pasión, que aquella otra mujer de treinta.
Desde entonces, cada vez que tengo obsidiana entre mis manos, acaricio la piedra con las yemas de los dedos, esperando que algo de mi piel toque un hilo de pasión de Dº P..., y que él, esté donde esté, sienta un ligero soplo, como si un ser mágico le besara el alma.

PD.- Este escrito es de junio del 2005, pero últimamante no escribo, y como el
guardián del faro
habla de profesores de bachillerato, pues yo también.

Por: María Luján López | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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