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Sábado, 10 de septiembre de 2005

DUCHARSE O NO DUCHARSE, ESA ES LA CUESTIÓN

Como diría mi amigo Whitman, “me distraen de la vida, la familia, el trabajo, los amigos.....”. Ahora para mí la vida es escribir, pero la vida ha empezado a moverse y no dispongo del tiempo que quisiera.
De todas formas, mi otro amigo, Salinas, me ha dado la respuesta diciendo que él sólo se fía del redondo y seguro azar. El azar está pasando por mi vida y así voy, redonda y segura.
¡Qué haría yo sin mis poetas!, no podría explicar lo que me ocurre, me quedaría sin palabras.

Pero volviendo a la vida real, no he encontrado ni un solo poema que hable de los “fontaneros filósofos”. Si sois sinceros admitiréis abiertamente que cuando le haces una pregunta sencilla a un fontanero, esperando ingenuamente una respuesta concreta, la contestación suele ser filosófica, incluso a veces, me atrevería a decir metafísica.
Ejemplo:
-¿Cuánto tiempo va a estar cortada el agua?.
-Señora, si yo lo supiera, pero depende de muchas circunstancias. Si usted quiere se las explico.
-No, no es necesario, sólo quería saber a qué hora puedo ducharme.
-Señora, puede ducharse cuando quiera.
-Ya, pues justamente ahora no puedo, el agua está cortada.
-Señora, ¿no puede usted esperar un rato?
-Sí, sí puedo, pero no sé cuanto tiempo va a durar el rato.
-Señora, usted sabe que el trabajo de la fontanería tiene muchos imprevistos.

En este punto de la conversación optas por lavarte con agua mineral, y cuando el champú ciega tus ojos -como la canción- oyes un ruido indescriptible. El ruido que hace el agua cuando empieza a llenar las tuberías. Pero tú sigues con tu aclarado del cabello con agua mineral, porque el primer golpe de agua que va a salir por el grifo es de color terroso.

En ese momento te apetece ir al rellano, en el que el fontanero filósofo hace su trabajo, y desparramarle todo el gel de aloe vera en la cabeza, pero te reprimes, y lo paga tu familia. Porque a la hora de comer no hay agua mineral, y algún ingenuo de la family pregunta: ¿se ha acabado el agua?, y entonces le vacías medio bote de gel de avena en el plato. Ante su mirada de asombro, simplemente le comentas que la avena es muy nutritiva.
Por cierto, ya han conectado el agua, voy a ducharme no sea que hoy en mi casa coman avena. Inquiero ¿los fontaneros filósofos habrán leído el poema del azar de Salinas?. Quizá sí. Por eso, tener o no tener agua corriente en casa, depende del azar de la poesía y de la filosofía.


Janet Leigh histérica perdida cuando le cortan el agua en el último aclarado.

Por: María Luján López | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Genial, me encanta la manera en que has relatado una situación a la que creo nos hemos enfrentado todos alguna vez en nuestra vida.
Tienes razón, ¡son filósofos!.

Miguel Bermúdez | 08-09-2005 08:52:38

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