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Jueves, 25 de agosto de 2005

DON CRISTOBAL COLÓN, MERCADONA Y YO.



Llevo una semana con un balanceo que ha terminado por marearme, podía haber tomado biodramina, pero he optado por dejar el balancín, qué moderna, curar las causas, no los síntomas.
Esta mañana, por alguna extraña razón, he pensado en Cristóbal Colón.
¿Pourquoi? Porque Cristóbal Colón, no cejó nunca en su empeño, tal es así, que consiguió convencer a una reina, que para que os voy a contar, aunque hay que admitir que el dinero lo puso un judío de Valencia. El dinero para el viaje.
Repasemos, las conexiones de las neuronas. No he pensado en Colon por el viaje, sino por una novela de Abel Posse, específicamente, Los perros del paraíso.
En esta novela Don Cristóbal, se las ingenia para llegar a la corte de Doña Isabel, dejándose arrastrar por las formas dextrógiras del exterior de las galaxias. Las galaxias, como casi todo en este mundo, tienen un centro y una periferia, Colón pensaba –en la novela-, que quizás si conseguía entrar en algún brazo periférico, por ejemplo un grupo de saltimbanquis, que actuasen en la corte, el podría llegar al centro de la galaxia, es decir al salón del trono, disfrazado de malabarista.
Ahora, todo empieza a tener sentido. Me gusta investigar sobre mis conexiones neuronales. Ahora sé porque esta mañana en Mercadona, pensaba en Cristóbal Colón. Se debe a que llevo toda la semana, intentando pertenecer a algún extremo de la galaxia, para ver si algún movimiento dextrógiro me arrastra al centro.
Pero como leo muchos proverbios, esta mañana he cambiado de opinión. He leído un proverbio de Confucio que dice algo así: "Más caga un buey que cien golondrinas". Y mi interpretación ha sido, “mejor me voy a hablar con el jefe y me olvido de las golondrinas”.
Como todos sabemos, los jefes se comunican contigo, no cuando tu quieres, sino cuando ellos lo estiman oportuno. Traduciendo, no me han hecho ni “pugnetero” caso, y yo, que soy una mujer a prueba de ataques organizados por familybush, he llamado a otra golondrina. Quien sabe, muchas golondrinas dejando su señal, es posible que hagan un buen montoncito.
Además ¿alguien sabe la motivación real de don Cristóbal para ser tan insistente? creo que no.
Bien, bien, escribiendo me voy aclarando. Ya sé en qué me parezco a Colón, simplemente, tanto él como yo, no podemos abandonar nuestro sueño.
Es posible que llegados a este punto, algún psicólogo se aventure a decir, que los sueños, con pocas probabilidades de alcanzarlos, y con una gran capacidad de hacernos sufrir, es mejor abandonarlos.
En mi defensa diré, que afortunadamente para Colón, don Segismundo no había escrito ni una línea en el siglo XVI, lo que le permitió conocer íntimamente a Doña Isabel, -mientras le pedía dinero-, sin tener ningún sentimiento de culpa.
Para mi desgracia, tengo que admitir, que don Segismundo en el siglo XX, ya lo había escrito casi todo, y lo que se dejó en el tintero, lo acabaron algunos espontáneos dispuestos a escribir sobre cualquier cosa que tenga que ver, con las causas desconocidas que mueven al ser humano.
Pero todo un siglo con Don Segismundo y sus adlateres se me hacía un poco pesado, y decidí empezar el nuevo siglo ligera de equipaje.
El primer día del siglo XXI, envié a una prima hermana mía, llamada Culpa, a un internado suizo, un internado de esos a los que van los hijos de los ricos. Allí está, aprendiendo buenos modales, y a no molestar mientras escribo.
Para concluir, mientras mi prima disfruta de un paisaje bucólico, yo me voy a hacer una limpieza de cutis, porque voy a volver a llamar al jefe, y nunca se sabe. Hay que estar siempre hidratada.
No es por nada, me gusta parecerme a Colón en algunas cosas, pero no me apetece llegar al nuevo continente hecha unos zorros.


Por: María Luján López | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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